Cream Pomeranian puppy wearing a white bandana sitting outdoors – first year care and training guide

Primer año con un Pomerania (Spitz) – Lista práctica mes a mes

Una guía práctica y serena para los primeros doce meses

El primer año con un Pomerania (Spitz alemán enano) influye en mucho más que la rutina diaria. Moldea la salud, la confianza y la armonía en el hogar. Las razas pequeñas se desarrollan rápidamente, y una estructura bien pensada durante los primeros doce meses marca una diferencia duradera.

Esta guía le acompaña mes a mes durante el primer año de vida de su pequeño perro. Se centra en rutinas suaves, cuidados preventivos y en crear un entorno estable para un Pomerania que vive en un apartamento o en una casa.


Antes de que su cachorro llegue a casa

Preparar su hogar con anticipación ayuda a que la transición sea tranquila, segura y predecible.

Elija una cama cómoda ubicada lejos de las zonas de mucho tránsito. Los comederos de acero inoxidable o cerámica son preferibles por razones de higiene. Se recomienda un arnés ligero en lugar de un collar, ya que las razas pequeñas pueden ser sensibles en la zona del cuello.

Un cepillo suave y un peine metálico son útiles desde el principio, incluso antes de que el pelaje esté completamente desarrollado. Introducir el cepillado temprano lo convierte en parte de la rutina diaria, en lugar de un momento estresante más adelante.

Si su cachorro tendrá acceso al sofá o a la cama, considere colocar pequeños escalones o una rampa. Proteger las articulaciones en desarrollo desde el inicio reduce la tensión durante el crecimiento de su Pomerania.


8–12 semanas: La fase de adaptación

Durante las primeras semanas en casa, el enfoque debe estar en una adaptación tranquila y estable.

Una visita al veterinario en los primeros días ayuda a establecer un calendario de vacunación y a hablar sobre la prevención de parásitos. Muchos criadores comienzan con las vacunas, pero la continuidad es esencial.

Aquí también comienza el entrenamiento para hacer sus necesidades en el lugar adecuado. La constancia es más importante que la severidad. Experiencias breves y positivas con nuevos sonidos, superficies y visitantes favorecen una socialización saludable.

A esta edad, menos estimulación suele ser mejor. Los perros pequeños pueden sentirse fácilmente abrumados, especialmente en entornos ruidosos o agitados.


3–4 meses: Construcción de una rutina

Entre los tres y cuatro meses, una estructura clara se vuelve esencial.

La serie de vacunación generalmente se completa en esta etapa. El cuidado dental puede comenzar de forma suave varias veces por semana, ya que las razas pequeñas tienden a desarrollar sarro con mayor facilidad en la edad adulta.

Los paseos cortos con correa son posibles una vez completadas las vacunas. Sin embargo, debe evitarse el sobreesfuerzo, ya que los huesos y las articulaciones de un Pomerania aún están en desarrollo.

Cepillar el pelaje dos o tres veces por semana previene los nudos y favorece una piel sana. En razas con doble capa de pelo, no se recomienda el rasurado.


4–6 meses: Confianza en crecimiento

En esta etapa, el nivel de energía suele aumentar notablemente.

Dos paseos moderados al día suelen ser suficientes. Deben evitarse los saltos desde superficies altas para reducir la presión sobre las rodillas en desarrollo.

El entrenamiento debe ser tranquilo, constante y positivo. El ladrido excesivo, especialmente en apartamentos, suele manejarse mejor mediante rutinas claras y estimulación mental en lugar de castigos.

La estimulación mental —como sesiones cortas de entrenamiento o juegos de olfato— ayuda a mantener el equilibrio emocional.


6–9 meses: Adolescencia

La adolescencia en razas pequeñas puede ser sutil, pero es real.

Su perro puede comenzar a probar límites o mostrar atención selectiva. Manténgase calmado. La estructura genera seguridad.

También es un buen momento para introducir gradualmente períodos cortos de soledad y así prevenir la ansiedad por separación.

Mantener un peso saludable en esta fase contribuye a la salud articular a largo plazo. La mayoría de los Pomeranias adultos pesan entre 2 y 3,5 kg.


9–12 meses: Estabilización hacia la adultez

Al final del primer año, las rutinas deberían sentirse naturales.

Las vacunas de refuerzo pueden administrarse según la recomendación veterinaria. Muchos propietarios cambian en esta etapa a alimento para perros adultos de razas pequeñas.

El cepillado dental regular, el cuidado del pelaje y los paseos diarios se convierten en parte natural de la vida cotidiana, y ya no en parte de un programa estructurado de entrenamiento.

El objetivo del primer año no es la perfección.
Es la estabilidad.
Es la confianza.
Es ayudar a un perro muy pequeño a sentirse seguro en un mundo muy grande.

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